Manchay

22 May, 2017

En Manchay trabajamos en la comunidad de San Pablo Mirador, que cuenta con 650 familias. Las carencias que se viven día a día en las comunidades urbano marginales como San Pablo son: Gran cantidad de casas que no cuentan con agua y desagüe, existe pandillaje y violencia doméstica, los jóvenes no tienen oportunidades de estudio o de trabajo, no suelen haber jóvenes que estudien en institutos y universidades, o que inicien un negocio, las mujeres no suelen tener fuentes de ingresos, y los niños no suelen tener acceso a espacios culturales y artísticos. Por otro lado escasean los modelos positivos de varones que sirvan de ejemplo para los más pequeños. En San Pablo no suelen haber profesionales con trabajos más calificados o rentables.

Respecto a los jóvenes, si no les brindamos espacios positivos se mantendrá el pandillaje que se expande por toda la quebrada de Manchay. En zonas vulnerables como Manchay, solo el 11% de los jóvenes entre 15 y 25 años acceden a educación superior (ENAHO 2004 a 2011).

En el sistema educativo de Manchay (en el peruano en general) no hay un foco en el desarrollo de la creatividad ni en las habilidades emprendedoras. Las mujeres no tienen oportunidades de generar ingresos que les permitan educar y alimentar mejor a sus niños. Al mismo tiempo, muchos de los pobladores de San Pablo han sido víctimas del proceso de violencia política de los 80’. Y como se ha mencionado la violencia está presente en todos los grupos etarios a través de la violencia doméstica, pandillaje, entre otros.