Una pasión desapasionada.

12 December, 2017

Una pasión desapasionada.

Existe un deporte que nos moviliza y paraliza en un instante; que nos hace llorar de alegría y tristeza por ganar o perder; una siniestra esfera nos apasiona. No solo por un partido pre-mundialista, torneo sudamericano o un simple “amistoso” sufrimos, nos indignamos y frustramos –y una lista de emociones no encontradas- sino que nos desvelamos en el intento de soñar con una mejor selección peruana.

José Antonio reside en un barrio de bajos recursos económicos. Todas las mañanas acude al entrenamiento de futbol en su club –uno “importante” del Perú-. Previamente desayuna los escasos alimentos que sus papas, con un altísimo esfuerzo diario, le brindan. Con chimpunes en mano –comprados por su padre con varios meses de ahorro- se sube al transporte público con unas justas monedas que su mamá le otorga diariamente; antes de llegar, luego de hora y media, culminan esos pensamientos soñadores de ser futbolista profesional: única oportunidad de “salir adelante” y ayudar a su familia; sueño con el que sus papas sueñan y por ello motivan, alientan y presionan -queriendo o sin querer- a José Antonio.

Acá nos detenemos y reflexionamos, José Antonio marginó al juego, lo colocó en segundo plano por su nueva meta: tener una estabilidad económica para él y su familia. El futbol ya no es placer o diversión. Ahora su carrera de potencial futbolista pasó a ser un medio de superación financiera. ¿Es justo que una persona piense o le hagan pensar que tiene una sola oportunidad en su vida para desarrollarse económicamente? ¿Dónde están los padres, maestros o el Estado para evidenciarle a José Antonio que existen otras formas de desarrollarse monetaria y personalmente?

A sus 18 años sacrifica cosas que chicos de su edad gozan, sumado al esfuerzo de sus padres para que no le falte nada. Sin embargo, el club le brinda un paupérrimo acompañamiento: una pésima cancha de entrenamiento, una ropa para entrenar en mal estado, ningún tipo de alimentación y menos preocupación de los alimentos ingeridos en casa, total desatención de su educación escolar o post-escuela, ¿diálogo con los padres? Eso ni en el radar para el club. ¿El Director Técnico? Pues el club tampoco se preocupa por su desarrollo y no basta con saber jugar al futbol, hacer un par de ejercicios y dos o tres formaciones tácticas. Es preciso que los DTs se preparen para dejar de ser esa figura autoritaria que transmite miedo y pasar a ser un adulto que conozca el desarrollo de los jóvenes, con visión de facilitador y diálogo constante con el equipo. Tal vez así podríamos ver a los DTs peruanos en el extranjero y no paseándose por el Perú como hace 25 años.

José Antonio, ahora con 20 años, comienza a visualizar la dureza del futbol peruano; el disfrute que le regalaba el futbol comienza a divagarse en recuerdos de infancia.

Ahora, ¿Podríamos relatar lo restante de la historia de José Antonio? Si, fácilmente: una pasantía por los equipos de primera división del Perú, logrando la estabilidad económica; alguna venta fugaz al extranjero pero sin éxito, se regresa; algunas apariciones en la selección peruana que no trascienden más allá de la alegría de empatarle a Brasil o ganarle a Colombia. Y así termina la carrera de José Antonio, perteneciendo a la bolsa -pesada- de jugadores que padecieron lo mismo. Pero eso no concluye ahí, se suma el sufrimiento, indignación y frustración de una nación que sigue desvelándose en el intento de soñar con una selección peruana campeona del mundo.

Veamos una ecuación realmente simple: Un joven al cual se le acompaña y satisface las necesidades previamente mencionadas que no otorga la mayoría de clubes del Perú, ¿No será un jugador mejor preparado y listo para migrar al extranjero, potenciarse en un país de alto nivel futbolístico, con la finalidad de mejorar la selección peruana? Viéndolo en un plano de sostenibilidad económica para el club, ¿Cómo es posible que el club preste más atención al equipo profesional, si son las divisiones menores (debidamente acompañadas) las que generarán un ingreso importante –más alto que la taquilla de varios partidos- para el club? Y no digo que le tenga que prestar atención a uno más que al otro, pero si intentar mantener un equilibrio que no sucede.

La mejora de la selección peruana es la consecuencia de la mejora del futbol peruano y la mejora del futbol peruano es la consecuencia de la mejora, real, de las divisiones menores de todos los equipos del país, y esto es tarea no solo de los clubes y la federación, es tarea de la educación y del Estado.

Algunas reflexiones finales:

Me pregunto, y te pregunto: ¿Basta con mejorar la infraestructura? ¿Alcanza con que los DTs sean magos, tigres o locos? Ya nos dimos cuenta que no ¿Es suficiente que los jugadores vayan a gimnasios y se alimenten con una dieta estricta? ¿Basta con saber que el chico va a la escuela, no le peguen en la misma y entregue unas notas escépticas al club para que lo dejen entrenar? Estos elementos son importantes pero no suficientes, pero –considero- hay algo fuertemente relevante: la motivación. A ver, uno estudia una carrera universitaria o técnica porque en teoría siente una motivación al hacerlo, de lo contrario se traslada; al igual que el trabajo, uno está en un trabajo porque lo motiva, a pesar de las dificultades diarias. Sin motivación, no intentará hacerlo realmente bien sino a medias para recibir el sueldo mensual.

La situación del futbolista es la misma. Pero, ¿saben que es lo más triste? Que los futbolistas se prepararon desde la infancia pensando -o les hicieron pensar- que esa carrera es la única para desarrollarse personal y económicamente; y lo peor es que ese camino que escogieron no lo hicieron por una motivación vibrante que corre por las venas.


Entonces, y para terminar, ya no estamos hablando netamente de futbol, pues, ¿no es en nuestra educación y crianza donde exploramos para encontrar el camino que nos motiva y conduce a una vida en constante motivación? Podría decir que si, por lo tanto, cuando todas las personas involucradas en el futbol peruano –dirigentes de todos los rincones y jerarquías, jugadores, DTs, entre otros- les apasione y motive, verdaderamente, el crecimiento del futbol peruano y no, solamente, el de su cuenta bancaria, vamos a poder dormir sin desvelarnos y gritar: ¡Perú campeón!

nota: es importante aclarar que José Antonio es un personaje ficticio. Este escrito no busca hallar culpables sino alienta a juntar a las
entidades involucradas y trabajar en conjunto.

Por: Alvaro Jourde - Co-coordinador del Programa de Jovenes y Futbol Callejero.

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