LA FELICIDAD POR UNA SIMPLE SUMATORIA

19 August, 2017

Nada me preparó para esto. Al terminar la clase sentí que me llevaba algo inmerecido, un saber ajeno. Bajé pensando que la alegría equivale a un niño con las manos siempre llenas de polvo, de ternura, con los antebrazos dispuestos a caer, a levantarse; la felicidad por una simple sumatoria, sería un ramo de niños con la risa manchada hasta el ayer, rectificándolos en el dolor y la carencia. Este tipo de revelaciones te crece como un árbol en medio del entendimiento, y te hace sentir como un invitado más que se llevó de la fiesta a la novia, los diplomas. Más de lo que debía.

A mis 32 años un grupo de niños le enseñó a su profesor de ciencias que estaba errado, que al menos esta ley necesita una revisión inmediata, que para reír hay que buscar un jardín cerca, untarse las manos de tierra, luego ensuciarse la camisa, y jugar.

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